Por: L.L. Álvares
El empujón, la patada, el cenicero a la cabeza no vienen de repente. Hay muchos escalones antes de llegar a la violencia física. «Se empieza con las ironías, las malas contestaciones, los desprecios, insultos que van "in crescendo"... Cuando un menor llega a agredir a su propia familia es porque los adultos no le han establecido límites a tiempo en oportunidades anteriores». Lo explica María Migallón, subdirectora del centro de menores infractores El Laurel, especializado en chavales a quienes un Juez
El empujón, la patada, el cenicero a la cabeza no vienen de repente. Hay muchos escalones antes de llegar a la violencia física. «Se empieza con las ironías, las malas contestaciones, los desprecios, insultos que van "in crescendo"... Cuando un menor llega a agredir a su propia familia es porque los adultos no le han establecido límites a tiempo en oportunidades anteriores». Lo explica María Migallón, subdirectora del centro de menores infractores El Laurel, especializado en chavales a quienes un Juez
















